domingo, 30 de junio de 2013

Velocidad

Me inunda el susurro de mi respiración. No logro escuchar nada más. Inspiro el aire sonoramente y lo vuelvo a soltar, lo mismo una y otra vez. Mientras, noto palpitar el corazón en mi pecho, como si deseara escaparse de la jaula que lo mantiene cautivo, queriendo llegar antes que mi cuerpo.
Me siento flotar, cada poro de mi cuerpo ansía llenarse de libertad. Solo necesito seguir corriendo, más y más rápido, seguir corriendo y fundirme con la velocidad. ¿Hacia dónde me dirijo? Ni yo mismo lo sé, solo quiero exponer al máximo a mi cuerpo, es mi principal necesidad. Es como si mi voz callada gritara en silencio, como si mi aliento quisiese envolverlo todo, ocupar cada rincón.
Mil imágenes fugaces cruzan mi mirada. Rostros desechos en niebla y paredes que nunca acaban.
Llueve a mi alrededor, mas no me importa mojarme. Cada lágrima del cielo roba una parte de mi y me purifica, libera mi energía para poder seguir corriendo.
Ya no dirijo mi cuerpo, es él el que me dirige a mi. No distingo ya suelo y cielo, todo fluye sin más. Salto charcos y esquivo sombras, es lo único que realizo de forma consciente.
Es entonces cuando lo vuelvo a escuchar. Aquella voz perdida en mi interior, un grito desgarrador, y mis ojos vuelven a llorar.

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