miércoles, 25 de mayo de 2011

Corazón de plata 3

Capítulo tres

Una luz arbórea bailaba reflejada en las ondulaciones del agua. La voz del bosque susurraba con cánticos de aves en la suave brisa. Mientras el riachuelo transcurría serpenteante, Kay observaba su rostro en él. Unos ojos salvajes detrás del plateado hocico intentaban hallar una explicación a todo aquello. Las lágrimas que caían eran ahogadas en la débil corriente riachuelo abajo. Allí estaba triste y desolado, sin haber podido siquiera despedirse de sus padres. ¿Por qué le había hecho aquello esa bruja? Miles de pensamientos desordenados no dejaban de atravesar su mente confundiéndole aún más.
Tumbado en la hierba inspiró profundamente y lo soltó en forma de suspiro. Debía buscar a la anciana bruja que le había hecho esto, pero no tenía fuerzas ni para pararse a pensar cómo conseguirlo, no sabía nada de ella. Seguía absorto en sus pensamientos cuando observó que en el reflejo del agua había algo raro, una figura humana se alzaba a su lado. Giró la cabeza bruscamente y halló que en el lugar donde había creído ver a alguien ya no había nadie. Extrañado volvió a mirar el reflejo y antes de poder ver algo oyó una voz que lo llamaba.
-Kay, estoy aquí.
Giró su cuerpo lobuno hacia el lugar del que procedía la voz. Ante él se hallaba un chico de más o menos su edad. Rizos dorados adornaban su rostro, su mirada era reflejo de la inmensidad del mar y sus finos labios dibujaban una sonrisa. Pero no era un chico normal, su cuerpo dejaba paso a la luz a través de él, con lo que podía distinguirse todo aquello que se encontraba detrás.
-Kay, no temas.-Su voz sonaba melódica.-Como comprenderás, yo no estoy vivo, soy un espíritu. Los humanos no nos pueden ver a no ser que su corazón cambie. En tu caso, la maldición que has sufrido te permite hacerlo. Yo en especial he estado ligado a ti desde el día en que morí, y cuando un fantasma está ligado a un humano es porque tiene que entender cómo y por qué murió, de forma que ese humano podrá ayudarle a conseguirlo. Asique ahora mismo solo puedes verme y oírme tú. Y por lo de hablarme no te preocupes, mientras seas lobo o estés rodeado de gente, podemos comunicarnos por la mente.
-No entiendo nada.-se oyó decir Kay a través del pensamiento.
-Es normal, todo esto debe ser muy raro para ti. A ver si me puedo explicar. Cuando una persona muere, puede recordar o no todo lo que le ha sucedido. Si lo recuerda podrá partir y descansar en paz, pero si no lo recuerda será ligado a una persona que le ayude a recordarlo. Esto es lo que me pasó a mí, llevo contigo desde que eras pequeño y conozco toda tu vida. Yo además he ido creciendo contigo de la forma en la que habría crecido si hubiese vivido. Y como estoy ligado a ti, nuestras mentes también lo están, lo que hace que podamos comunicarnos con pensamientos, pero solo cuando queremos. A parte de eso somos dos personas independientes y por lo cual, pensamos diferente. ¡Ah se me olvidaba! Mi nombre es Lian.
Kay todavía no salía de su asombro y no sabía si debía confiar en él, pero algo le dijo que podía hacerlo.
-Creo que voy entendiendo. Entonces, ¿tú sabes que es lo que me ha pasado?
-Por desgracia solo sé lo que tú sabes. Aunque he oído hablar de una bruja en el pueblo entre otros fantasmas, puede que sea la que te hizo esto. Se llama Ornel, común mente llamada “Vieja Plumífera” ya que se dedica a criar gallinas. Incluso hay rumores sobre ella que dicen que las aves se comunican con ella y le cuentan todo lo que ven.
-Entonces deberemos ir a hacerla una visita al anochecer. Por probar no perdemos nada.